



Cada fibra estaba viva, verde, aterciopelada. El padre árbol respiraba desde el centro de su tronco, inhalar, exhalar, el movimiento pasivo encarnado en una planta maravillosa que se mueve con el viento y que respira por voluntad propia. Estaban todos allí tan presentes y ese mundo radiante de energía maravillosa me inundaba entera. Los pinos, los cipreses, las plantas, las milpas, la grama, todos los arbustos estaban tan a mi alcance, no eran un papel de fondo como cuando uno va de carrera sin notar la vida extraordinaria que nos rodea. La danza de los árboles era como un susurro para mi corazón que se acompazaba a esa hermosa armonía en la que yo era parte del universo y los dos existiamos juntos y sumergidos uno en la existencia del otro, la conexión extra ordinaria de la vida.
El color jamás había sido tan vivo, mi mente jamás había percibido tantísimas formas, dibujos que cobraban vida pajaros alados de ramilletes circulares, caminos interminables, flores con miles y miles de petalos, barcos fluorecente, estrellas entrelazadas, esferas con picos, telarañas plateadas, redes humanas, ciudades enteras. Tantísima energía concentrada en un solo espacio, nuestro cuerpo imitando los trazos que rebalzaba nuestra mente, y la música se metió en nuestra sangre haciéndola vibrar, deformando nuestro rostro y armándolo de nuevo, haciéndo de la piel una tela con filamentos coloridos que nos encendian como estrellas en el cielo.
En los árboles oscuros caía la lluvia verde de luces intermitentes y nosotros perseguíamos con los dedos los caminos que las gotitas dejaban a su paso. Nuestros pies se separaron de nuestras piernas y se hicieron a voluntad propia, la risa me invadia y me crispaba el cabello, yo era otra y ahora también. La risa brotaba de mi garganta expulsada desde mi estómago, cuando mi boca no podía más con el dibujo de alegría brotaban de mis ojos lagrimas dulces y frías que empapaban mi rostro. HERMOSA ARMONIA, HERMOSA CONEXION CON EL UNIVERSO, soy mariposa decía y volaba entre las ramas de los árboles. Bailando con frenesí de hada encantada sin cansancios ni dolores en el cuerpo. Mientras el hombre del fuego atizaba la fogata arrimerando leña con extremo cuidado, un golpe en un lado, otro toquesito en el otro, llamitas naranjas chisporroteaban mientras yo saludaba al fuego, llamas azules que brotaban del medio de la concentración incandecente: y el fuego también nos saluda dije contenta para los que estabamos encantados con la danza del señor que nos brindaba su calor.
Nuestro cuerpo nos pidio un descanso y buscamos refugio aperchando nuestros cuerpos recostados sobre el suelo, la carpa se hizo inmensa y acogedora, el amanecer llegó pronto y nos saludó un cielo celeste colmado de buenos vientos. Papelitos morados bajaban de la copa del pino más grande, son mariposas dije y me levanté asombrada como llamada por alguna voz misteriosa, seguí bailando, seguí riendo, seguí observando y no me canso, no me canso de maravillarme de la hermosura verdiazul, de la hermosura dorada, de la textura aterciopelada, de la energía que nos impulsa, del movimiento...
y vos me enseñaste el camino y de tu mano yo fuí hacia el.
Aquí algunas obras de Alex Grey, la creación no tiene limite.
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